echa raíces

Probablemente en algún momento de tu vida has escuchado la frase “echando raíces”, yo la uso cuando alguien está buscando estabilidad, quedarse un lugar más fijo o conseguir pareja para el largo plazo, por ejemplo.

Si te pones a pensar en los árboles, sus raíces son su estabilidad, son las que se aferran a la tierra, las que entre más fuertes y profundas más soporte le darán al árbol. A su vez, son su forma de nutrirse de la tierra, obtener minerales y agua. Y lo más curioso es que se ha encontrado que las raíces de los árboles son a su vez una forma que tienen ellos de comunicarse entre sí.

Entonces, si piensas en ti como un árbol, ¿cuáles serían tus raíces? Es decir, de qué te estás nutriendo, qué te está dando estabilidad y seguridad, con quién te estás comunicando y cómo? Sobre todo, a qué te estás aferrando?

Es normal que aquello que nos da estabilidad lo encontremos afuera, es decir, en el trabajo, en la pareja, en nuestros hijos, en el rol que jugamos en la sociedad, en nuestras creencias o en nuestros logros y reconocimientos. A todo esto es lo que podemos llamar nuestras raíces.  Lo que sucede con aferrarnos a estas raíces es que no dependen de nosotros, y posiblemente cuando no están, nos producen sufrimiento, nos llevan a querer controlar, buscar el perfeccionismo, auto juzgarnos, o a tener la sensación que de algo siempre está faltando.

Por eso mi invitación hoy es a que conectes con nueva raíces, unas que dependan de ti, que te den estabilidad, puede ser una solo palabra: amor, creatividad, coraje, estabilidad, confianza, gozo.

Y ahora “echa raíces” con esta nueva forma de sentir estabilidad y confianza.

Este ejercicio lo aprendí hace varios años de mi mentora HeatherAsh Amara, mi raíz ha ido cambiado un poco con el tiempo, pero depende de mí, no de lo que suceda afuera. En nuestro programa Mujer Conexión, profundizamos en este tipo de ejercicios. 

AEE raices

no es fácil

“no es fácil” no es lo mismo que “es difícil”

No es fácil, es la oportunidad de aprender a través de nuestros errores y pérdidas.

No es fácil, es la resiliencia de volvernos a levantar.

No es fácil, es la capacidad de poder ver todo lo que tenemos y agradecer por ello, sin darlo por sentado.

No es fácil, es la posibilidad de salir de nuestra zona de confort y estirarnos un poco más.

No es fácil, es aprender a recargarnos de energía para continuar el camino.

No es fácil, es atrevernos a pedir ayuda y ser capaces de recibirla.

No es fácil, es lanzarnos al vacío cuando todavía no estamos listos al 100%.

No es fácil, es disfrutar los obstáculos y celebrarlos.

No es fácil, es afrontar nuestros miedos y actuar tomados de su mano.

No es fácil, es escuchar lo que necesitamos y realmente deseamos, no solo lo que debemos.

No es fácil, es saber cuándo parar, soltar y disfrutar el vacío.

No es fácil, es pasar de oruga a mariposa, confiando en el proceso.

No es fácil, es aceptar las dualidades, los opuestos, las diferencias que viven en mí.

No es fácil, es comprender que perdonar no es un regalo para el otro sino mi libertad.

 

Mi vida realmente “no es fácil” y la tuya?

learning uncomfortable

Algunas veces el aprendizaje más incomodo es el más poderoso. Brené Brown

perder

¿A quién le gusta perder?

Este fin de semana estuve en un campeonato de fútbol de mis hijos, y me di cuenta que cuando un equipo iba perdiendo los ánimos de los papas iban cambiando, con el paso del tiempo su tono de voz subía, comenzaban a quejarse, y sobre todo a buscar un culpable.

Nos cuesta mucho perder, tendemos a asociarlo a que no somos suficiente, o que estamos mal, o que es para siempre … Nos cuesta ver lo que podemos corregir, que en algo podemos mejorar, reconocer que el otro es mejor “esta vez”, que puede que no estemos concentrados, que tal vez no dimos lo mejor.

La solución no está en “no perder” sino en “saber perder”, y esto no es resignarse, sino aceptar la perdida, es decir aceptar que así fue y no podemos cambiarlo. “Saber perder” es ser conscientes de la forma en que respondemos a la perdida, no es evitarla o evadirla, sino mirarla de frente y decidir qué hacer con lo que paso. Es permitirnos sentirnos tristes, decepcionados, frustrados, o molestos (o todas las anteriores y más), y luego, darnos la posibilidad de aprender de lo sucedido, que puedo mejorar, evitar, cambiar.

Para mi ganar era lo que me definía,  por lo tanto perder, significaba que yo no valía. Expresaba mi rabia contra los demás, pero realmente era conmigo la cosa. Hoy, sigo perdiendo, y sigo sintiendo rabia y tristeza, pero ya sé que no me define, sigo practicando cada día y aprendiendo de cada vez que pierdo.

AEE Perder